29 de septiembre de 2015

Ex Libris


   

   Visitando una ciudad del norte de España entré en una antigua Librería, de esas que tanto me gustan y de las que cada vez hay menos, de esas en las que se puede rebuscar tranquilamente y con paciencia entre las polvorientas estanterías y expositores de madera hasta encontrar auténticas joyas.
   El libro hallado que sujetaba entre mis manos era frágil como un anciano y bello como un amanecer. Lo abrí con gran cuidado, temiendo que el delgado papel de la cubierta se pudiera desvanecer a la mínima presión de los dedos. Se trataba de una edición de 1951 de "Platero y yo", de Juan Ramón Jiménez, impresa, según rezaba en la última página, en Buenos Aires por la Editorial Losada. Las hojas habían adquirido ese tono sepia tan característico, pero la letra continuaba negra y nítida como lo estuvo en sus inicios, a mediados del siglo pasado.
   Lo que me llamó la atención fue la dedicatoria, o mejor dicho ex libris que su propietaria escribió con sumo cuidado y con una letra mínima en la esquina superior de la primera página, que demostraba su gran amor por esa propiedad y la valoración que hacía de ella. El orgullo de esa niña (deduzco que lo era por lo escrito) es algo impensable en nuestros tiempos, en los que se tiene de todo y nada se valora.

Si este libro se perdiera
como puede suceder,
suplico al que se lo encuentre
que lo sepa devolver.
No es de un tonto,
ni de un loco,
ni de un conde,
ni de un marqués,
sino de una pobre niña
que vive, yo le diré...

   Vestigio de un pasado cercano, y a la vez tan lejano, que los niños y jóvenes de hoy jamás imitarán.