1 de febrero de 2015

Katherina

   

   En 1854, en la recóndita región de Gredisia, alguien envenenó el único pozo que les suministraba agua. Los aldeanos sospecharon que se trataba de una venganza de Katherina ―la esposa del pocero, que había sido repudiada por este debido a sus frecuentes y nada paliados amancebamientos― y decidieron tomarse la justicia por su mano. La encerraron en la casucha que habitaba y la incendiaron.
   Los responsables fueron procesados por el crimen, pero el jurado estaba compuesto por los aldeanos que no participaron en el acto y los acusados quedaron en libertad, siendo castigados con una penitencia eclesiástica insignificante. 

© Joseba Barrenetxea (Foto)