30 de mayo de 2014

Yo, escribidor

No soy lo suficientemente buen escritor para sobrevivir con ello, pero soy lo suficientemente valiente para escribir y sobrevivir humildemente con ello. El gusto, la necesidad de escribir –expulsar ese veneno que corroe si no lo plasmas en un papel–, tiene mucha más validez que otros placeres mundanos de los cuales puedo prescindir sin ningún problema.
Es posible que muchas personas, la mayoría, no entiendan estas letras, pero sé, sin ningún temor a equivocarme, que los escritores reales las comprenden perfectamente. Así ha sido y así seguirá siendo mientras haya gente como yo. Me han llamado de todo: loco, raro, místico, engreído; también he recibido alabanzas, muchas más que críticas –negativas, entiéndase–, pero sé cómo encajarlas y, por supuesto, me las creo de vez en cuando y dependiendo de quién vienen.
Sirvan estas letras, en cualquier caso, como una declaración de intenciones. Mientras la mente, la imaginación, las ganas y demás me respondan, seguiré escribiendo novela, poesía, drama, comedia…, lo que se tercie. 
Y aunque nadie lo lea, seré feliz.

© AGirau (Foto)