1 de marzo de 2014

El pelador


Ayer compré un pelador de verduras, mejor dicho, me lo regalaron y he de confesarles que no tenía ni idea de que existiera ese artilugio. Ustedes se preguntarán cómo es posible que alguien, en pleno siglo XXI, no tenga un pelador de verduras en su cocina. Así soy yo, que tengo cocina como podría tener cualquier otra cosa. Mi presencia en ella es escasa y me limito a preparar comidas sencillas y que roben poco de mi tiempo.
Pero, volviendo al pelador, ¡menudo descubrimiento! Creo que es el mejor invento de la humanidad después de la rueda. Soy el ser más torpe en el arte, por ejemplo, de pelar patatas y ayer mismo, preparando una tortilla española, el chisme de marras me simplificó el asunto de una manera extraordinaria. Esa manera de deslizarse, suavemente, ese corte perfecto sin desperdiciar nada, esa rapidez...
Estoy feliz con mi pelador. Puedo asegurarles que desde ya hago mía esa consigna tan usada en las manifestaciones de cualquier signo:
No, sin mi pelador.

© Anna Libera (Foto)